El pueblo

Alalpardo

Alalpardo es el pueblo que me vio nacer y crecer hasta que me casé. Entonces era un pueblo pequeño con pocos vecinos, no sé si llegaríamos a los 75, casi todos familia. Había muy buena relación entre el vecindario y en casi todas las familias había varios niños.

Por esas épocas en el pueblo había mucha tranquilidad, porque no había vehículos ni ninguna cosa que pudiera hacernos daño, todo lo más que podía pasar por allí era una bicicleta o alguna gallina que se escapara de vez en cuando, así que jugábamos en la calle y en la plaza.

Las niñas jugamos al truque, a la comba, las casitas, las muñecas y los chicos a las canicas, a los bolos y otros juegos que no recuerdo cómo se llamaban pero que eran muy propios de chicos. Lo que compartíamos todos juntos era el escondite que a mí me gustaba muchísimo.

Las pequeñas, Pili y Marisol, no jugaban todavía, ellas eran muy pequeñas y no formaban parte del grupo.

Los felices vecinos de Alalpardo

Los felices vecinos de Alalpardo

Fiesta de las Hijas de María

Valentín Merino, Don Manuel y mi padre regresando de la procesión

Valentín Merino, Don Manuel y mi padre regresando de la procesión

Guardo también un recuerdo muy especial de la fiesta que se celebraba en el mes de mayo, era la fiesta dedicada de las Hijas de María la Virgen, que así se llamaba la hermandad. Esta Hermandad de la Hijas de María hoy ya no existe, creo que mi hija María José fue la última que se apuntó.

Por la mañana había misa, por la tarde se decían los versos y luego se hacía la procesión.

Todas las niñas decíamos unos versos muy bonitos a la Virgen. Como yo era la mayor le dije uno muy bonito y muy bien recitado, como me enseñó mi madre.

Para Pili y Marisol , que iban monísimas con sus vestiditos y unas flores, nos escribió mi padre uno que recuerdo que decía así:

Las dos somos hermanitas,
y apenas hablar sabemos.

Para ti, Virgen bendita,
estas flores te traemos.

Aunque el ramo es pequeñito,
es grande nuestra ilusión.

Para el año venidero
poderlo traer mayor.