La familia
Mis padres
Mis padres se casaron durante la guerra, el 28 de octubre de 1936 y luego volvieron a hacerlo en tiempo de paz en el año 1939, entre ambas bodas nací yo.
Recuerdo con mucho cariño mis primeros años, esos en los que no te das cuenta de nada y que van transcurriendo como si tal cosa y día a día se me acumulan muchos recuerdos. Fueron naciendo mis hermanos Pili, Marisol, Mariano, Antoñita y María Luisa. Todos nos llevamos 2 años, no siendo María Luisa que son 4 con Antoñita. Mi padre solía decirle a mi madre «todos los años pares una», era una casualidad: 38, 40, 42, 44, 46, y 50.

La familia
Según mi madre yo era un poco rabiosilla, tenía mal genio y era cabezota ¡aún sigo siéndolo! de chiquitita parece que me gustaba mucho morder al que me hacía algo.

La segunda boda de mis padres. Para la fotografía mi madre utilizó el vestido de novia de la tía Julia
Pili
Pili era monísima de pequeña, muy modosita y muy buena, la mejor de todos, tan buena que los demás nos aprovechábamos y cuando algo se nos rompía le echábamos las culpas a ella.
Pili tenía el pelo rizado, así que cuando había alguna púa del peine rota, lo cual ocurría con mucha frecuencia y era una tragedia, era fácil que cargara con el mochuelo. Fuera o no la que lo hubiera roto ¡se llevaba siempre todas las culpas! Le decíamos «Pili, bonita, anda, di que has sido tú, que si no no nos van a dejar salir» y ella lo decia, la pobre.
Su mejor amiga fue Angelines que siempre la ganaba en todo y cuando se enfadaban siempre salía perdiendo. Lo peor era que a mamá no le gustaba que se juntara con ella porque en esos años abundaban los piojos y Angelines siempre tenía y Pili los cogía rápido ¡qué tiempos, cuántos recuerdos me vienen a la memoria!

Con Pili y Marisol

La abuela Julia, madre de mi madre
Marisol
Marisol era otra cosa, un verdadero trasto, revoltosa, encismadora y muy inquieta, siempre tenía que llevar la razón ¡cómo sería que la llamábamos “el bicho que picó al tren”!
Se llevaba más azotes que ninguna y eso que, se revolvía de tal manera que, aunque mi madre siempre tuvo la mano muy lista, le costaba encontrarle el culo. En misa no se estaba quieta ni un minuto, no dejaba parar a nadie y mi madre la cogía del brazo y la sacaba fuera, los azotes se escuchaban desde dentro.
Era la preferida de mi abuela Julia. Mi abuela siempre reñía a mi madre porque decía que no la quería. Y mi madre le contestaba “¡cómo no la voy a querer madre, qué cosas tiene!”.
La abuela Julia siempre le decía “ven Marisolita, ven Marisolita, hija, que tu madre no te quiere, vente conmigo a mi casa y duerme conmigo esta noche, que yo si te quiero mucho” y se la llevaba con ella. Parece como si la estuviera viendo ahora mismo, la recuerdo perfectamente con su cara de mal genio y enfadada, peinada al lado con una raya y un lazo, estaba graciosísima.
Mariano
Cuándo nació Mariano si tengo el recuerdo muy fresco. Vino después de tres niñas y fue un gran acontecimiento, tanto que para el bautizo se invitó a todo el pueblo.
La invitación se hizo boca a boca, casa por casa y yo fui la encargada de hacerlo. Llevaba de la mano a Pili y Marisol y les decía a todos que por la tarde era el bautizo de mi hermano y que estaban invitados a tomar chocolate.
Disfruté muchísimo ayudando a preparar todo. Se pusieron bancos en la puerta de la casa para que todos estuvieran cómodos. ¡Qué tiempos aquellos! con qué poquito éramos muy felices.
Mariano fue muy bueno, como se crió entre chicas le gustaban nuestros juegos, pero lo que más le gustaba era vestirse de cura y jugar a las misas, él siempre era el celebrante y como era monaguillo se lo sabía muy bien.
Cuando tenía 2 años estuvo bastante mal por una gastroenteritis, apenas podían darle de comer y recuerdo que con sus manitas pequeñas iba cogiendo las migas de la mesa para comérselas porque pasaba hambre.

Mariano en bicicleta

Muñeca Gisela
Antoñita
Antoñita era una monada, parecía una muñeca, tanto que, como la muñeca de moda de por aquel entonces se llamaba Gisela, así le llamaron a ella por mucho tiempo, aún hoy hay quien así la llama todavía.
Todas las tardes mamá nos peinaba y nos preparaba a las tres para ir a visitar a las abuelas, a Mariano casi nunca le llevamos porque como era más pequeño no venía con nosotras, y yo, como era la mayor cargaba con todas.
Antoñita era tan pequeña que la tenía que llevar en brazos. Mi madre la peinaba con agua con azúcar y limón para que se le quedase el pelo rizadito, ¡cómo se le pegaban las moscas pero que preciosa estaba!
María Luisa
También María Luisa fue muy buena, le gustaba mucho pintar, nos dibujaba a todos y hacía una especie de tebeo con sus recuadros y todo. Cuando nació yo ya tenía 12 años. Por entonces todos nacíamos en casa porque en esa época no se iba al hospital para dar a luz. Recuerdo que mi madre estaba sentada en el comedor con las comadronas esperando a que llegara el momento y nosotras nos asomábamos de vez en cuando, así que, para que no diéramos guerra, nos mandaron a todos a casa de la abuela Julia.
Allí pasamos el día hasta que, por la tarde, estando jugando a la puerta de su casa, vimos venir a Eulalia dando voces por la carretera ¡chicas, chicas, eh, eh, bajad que tenéis otra hermanita! y nosotras bajamos muy contentas aunque un poco desilusionadas porque habríamos querido que fuera niño.

María Luisa en la escuela